El mundo moderno exige estar preparados. ¿Para qué? Para lo que pueda venir. Es con esta idea que nos preparamos en las mejores universidades, aprendemos idiomas y pagamos másters de perfeccionamiento. Todo ello es porque apostamos a la universalización y sumamos nuestro voto a la creencia de que el idioma Inglés es la lengua universal que todos debiéramos hablar, además de nuestra lengua natal, para poder comunicarnos y hacer negocios con el mundo.
Probablemente, el éxito de nuestra carrera profesional o de nuestra empresa dependerá de que le pongamos o no límites territoriales, culturales o lingüísticos y ello lo vemos en la creciente tendencia de las grandes empresas a contratar, cada vez más, personas de diferentes, religiones, culturas, etnias, idiomas, etc. Se apuesta a la diversidad como fuente de información.
Misma diversidad que no siempre nos guía en la elección de nuestro futuro profesional y que suele llevarnos, recurrentemente, a intentar apuestas sencillas, en campos saturados donde, cuando estemos preparados para competir, la lucha será mucho más popular y difícil que lo que ya lo es hoy.
A decir verdad, mucho hemos hablado de las profesiones que ya no consigen empleo, porque existen demasiados titulados; en otras ocasiones, esta abundancia de profesionales redunda en un desmejoramiento salarial o, lo que es demasiado frecuente, en una sub ocupación.
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